Han pasado 20 años y el caso del hundimiento del Tuxpan está cerrado. Atrás deja una marejada de rumores sobre un naufragio que cobró la vida de 27 marinos.16 de febrero de 1987, 00:50 horas. El Tuxpan, de la empresa Tecomar, sale de Bremen, Alemania, rumbo a Veracruz y Houston, en América. Era su viaje número 47, pero se convirtió en una travesía sin retorno. El 24 de febrero a las 12:00 horas, señaló como cada día su posición. Después, el silencio dio paso a la mayor tragedia marítima de México.
La naviera mexicana Tecomar inició operaciones en 1973 y consiguió con sólo tres barcos competir con gigantes como TMM, que acabó comprándola en 1994. El Tajín, el Tumilco y el Tuxpan contaban con la mejor tecnología de la época. Con tan sólo cinco años de vida en el momento del accidente y con excelente mantenimiento, nadie se explicaba qué había podido suceder.
Los amantes de los fenómenos paranormales tienen al Tuxpan como uno de los últimos barcos desaparecidos en el Triángulo de las Bermudas. Según las leyendas, en el fondo de este enigmático punto del océano hay decenas de buques y aviones a la espera de ser encontrados. Sin embargo, sus últimos reportes lo ubicaban aún muy lejos de ahí, al menos, a dos días de travesía. ¿Qué pasó entonces?
“Lo peor que le podía pasar a un barco”, contesta Irma Muñoz, responsable del área de Seguros de Tecomar hasta unos meses antes del naufragio. “Venía cargado a su máxima capacidad, aunque para eso estaba hecho; tenía un capitán que no era el que usualmente lo manejaba (su habitual era Manuel Pirés) y se topó con una tormenta muy fuerte”. Ninguno de sus 27 tripulantes, todos mexicanos, sobrevivió.
Durante días, la Coast Guard peinó la zona sin resultado.
Algunas fuentes señalan que el inicial hermetismo de los directivos de la empresa fue el que dio pie a la marejada de versiones que circularon después, como que el barco se desvió a Cuba por la tormenta, donde lo retuvieron tras encontrar mercancía ilícita, hasta una explosión debido a que iba cargado con armas para los Contras nicaragüenses.
Lo cierto es que el peritaje de la Dirección General de Puertos y Marina Mercante concluyó que la tormenta, que provocó el hundimiento de otro barco y casi se traga uno más, fue la responsable. “Las causas del hundimiento del B/M Tuxpan fueron las características que presentaban las olas y que motivaron que el buque no se pudiera recuperar de la presión de agua a la que se vio sujeta, ocasionando que éste se sumergiera completamente en la misma, hecho denominado en el argot marino como irse por ojo”, señalan los documentos que conserva Carlos Viveros, vicepresidente operativo en aquel entonces de Tecomar.
La longitud de la ola superaba la eslora del barco. Este tipo de embate se afronta en zigzag, pero todo indica que en este caso, el barco se lanzó de frente. Como consecuencia, el Tuxpan fue literalmente engullido por el mar.
Los sobrevivientes
Afrontarlo fue difícil. “Todas las familias cobraron el seguro (750 mil pesos cada una, más 12 millones de pesos a repartir entre todas), aunque se demoró un poco la del capitán Astorga, que era soltero. Sus hermanas se resistían a la tragedia desde el punto de vista profesional”, afirma Viveros. No podían aceptar que su hermano no hubiera podido gobernar el barco.
La empresa creó un fideicomiso para financiar los estudios de los huérfanos, todos de muy corta edad. Algunas viudas incluso se encontraban embarazadas. La beca, que era incondicional, se mantuvo hasta que el último acabó su carrera, hace pocos años. Tras la venta de Tecomar, TMM asumió la responsabilidad.
Algunos de estos huérfanos tienen hoy la edad de sus padres al morir, 24 años. “No sabemos qué fue de ellos, perdimos el contacto”, explica Ricardo Santana, directivo de la Unión Nacional de Marineros, Fogueros, Mayordomos, Cocineros, Camareros, Similares y Conexos de la Industria Marítima, que perdió 11 de sus agremiados.
Tecomar tuvo que enfrentar un juicio en Estados Unidos (EU). “El barco traía como 22 millones de dólares en carga. Nos juntamos la mayor parte de las compañías de seguros que traíamos mercancía, demandamos en EU y recuperamos el cien por cien. Los que lo hicieron en México no consiguieron nada, porque los jueces se declararon incompetentes, que es lo que sucede en la mayoría de los casos marítimos”, asegura Muñoz, especialista en el sector y que en aquel entonces trabajaba en Seguros Tepeyac.
Entre esa carga se encontraba un fuerte volumen de autopartes de Volkswagen, que se preparaba para el lanzamiento en México del famoso Jetta y que tuvo que recurrir al transporte aéreo para contar con el material, aunque a destiempo, para la producción del vehículo.
Pero además de autopartes, los contenedores llevaban desde productos químicos, hasta bobinas de papel para copias.
Precisamente, uno de estos contenedores salió a flote y fue avistado el 10 de marzo por el Heicon, fletado por Tecomar.
“Se ve que una vez dentro del agua, el Tuxpan se partió y salió el contenedor, que iba consignado a Goodyear y que traía un producto que en el manifiesto de carga se describía como float. Creo que eso hizo que el contenedor subiera. Encontrarlo no fue casualidad, era la ruta que seguíamos y la orden era ir con mil catalejos por si encontraban algo”, explica Viveros. En esa época del año, de octubre a abril, hay muy mal tiempo en la zona y remolcarlo era un riesgo, por lo que sólo se identificó.
En algunos círculos se señala este accidente como el principio del fin de la compañía. Viveros lo niega. “No es cierto.
La naviera tenía todos los seguros pertinentes, por lo que no le afectó. La decisión de vender fue completamente personal por parte de los accionistas. Tecomar no se fue a la quiebra”.